19.5.07


Bernardo García Oquendo

Recuerdo que un día como mañana –20 mayo- pero hace 60 años –1947- el destino me impuso, a los 39 años, el atajo indeseado de partir.
He vuelto a Lima, después de años de exilio, para ver apenas las últimas luces y nieblas de mi ciudad.
Leales, mis compañeros de siempre me despiden: Víctor Raúl Haya de la Torre, entrañable “Ale” de las clandestinidades tiranas; Ramiro Prialé, Luis Alberto Sánchez, Pedro Muñiz, Felipe Cossío del Pomar, Nicanor Mujica, Luis Felipe de las Casas, Andrés Townsend y Alcides Spelucín, también. Y muchos más. Los abrazo, me abrazan todos.
Recuerdo a Chile, hospitalario y democrático, adonde llegué después de tres años en trincheras y batallas defendiendo a la España republicana de las garras fascistas de Franco, Hitler y Mussolini.
En el destierro sureño, los apristas seguimos soñando y bregando por nuestras ideas. Todos trabajamos en la editorial Ercilla que dirige El Cachorro Manuel Seoane, mi hermano. Tenemos poco pero sobra fraternidad y amor. No olvido la voz gruesa y bronca de Armando Villanueva.
Recuerdo los últimos días de la España Republicana. He sido deportado por la dictadura peruana de turno. Me enrolé sin dudas en la defensa de la causa libertaria. Soy brigadista internacional y luego miembro de las Brigadas Mixtas.
Sangre, muerte y dolor me han acechado en Teruel, Huesca, Belchite, El Ebro, Aragón y Huerríos. He ganado los galones nobles de capitán del Ejército Republicano Español.
Recuerdo a Nicanor Mujica, indesmayable y fiel, bregando en París por mi salida del campo de concentración en el que estoy confinado en los Pirineos franceses, ya derrotada la causa republicana. Lo consigue: convence al poeta Pablo Neruda para que Chile me abra las puertas a un nuevo exilio como republicano español.
Recuerdo a Hugo Otero cuando defendimos a El Cachorro de una segura detención en las afueras del Estadio Nacional. Fuimos enjuiciados.
Recuerdo a José Melgar –firme y limpio como el acero-, a Juan Seoane –bueno y generoso como el pan- y a Serafín del Mar, cuando presos en el Panóptico, la pena capital de la dictadura sanchezcerrista sobrevolaba nuestras cabezas por atentar contra El Mocho.
A Macho Melgar y a Juan les conmutan la pena pero con entereza soportan largos años de prisión. Fui absuelto gracias a mi abogado Ismael Biélich Flores.
Recuerdo los primeros años del partido y la fundación de La Tribuna.
Recuerdo el Rímac y a Adriana Cabrejos, madre ejemplar de nuestros hijos Iván y Adriana. Recuerdo a mi nieto, autor de estas líneas que también son mías.

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